Santa María de la Esperanza, presente en el corazón del Adviento, nos invita a
esperar con gozo la nueva venida de su Hijo al mundo y a preparar nuestro
interior para acoger y celebrar la presencia salvadora de Jesús entre nosotros.
Ella nos
enseña que la tarea del Adviento no es sólo pedir la venida del Señor, es
allanar las sendas, es arreglar los caminos, es hacer calzadas, es encender
luces de esperanza, es soportar los dolores de parto de la humanidad nueva, no
olvidando que “si el Señor no edifica la casa en vano trabajamos los
albañiles”, recordando siempre que debemos aunar el “todo depende de Ti, Señor”
con el “¡depende tanto de nosotros!”.
De Ti depende, de mí depende. Él viene,
viene siempre. ¡Preparemos los caminos!
Oración
María, Virgen de la Esperanza. Contágianos
tu fuerza, acércanos el Espíritu que llena tu vida. Ayúdanos a
vivir con alegría, a pesar de las dificultades que encontramos en el
Seguimiento de tu Hijo.
Que no nos desaliente la lentitud
de los cambios, que no ahoguemos la semilla del Evangelio. Que no perdamos la
utopía, de creer que es posible otro mundo y otra sociedad.
Que no bajemos los brazos en la
lucha por la justicia y en la práctica de la solidaridad. Llénanos de buen
ánimo y entrega.
Enséñanos a esperar en el Señor, a
confiar en su Palabra, a dejarnos guiar por su Espíritu, a llenarnos de su buen
humor y alegría.
Ayúdanos a saber escuchar su voz,
en la realidad de todos los días, en el sufrimiento de tantos, en las
ansias de liberación y cambio, en la sed de justicia.
Señor, concédenos llegar a la
Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría
desbordante. Amén.
(Tomado de
CIPE)